Por: Redacción Actualidad Jachallera
El escenario nacional acompaña esas expectativas. Durante el primer trimestre de 2026, el volumen exportado de alfalfa y sus derivados aumentó un 92%, alcanzando un récord y consolidando el tercer ciclo positivo consecutivo para la actividad. Según datos de la Secretaría de Agricultura, entre enero y marzo se exportaron desde Argentina 93.974 toneladas de productos forrajeros, harina y pellets.
Desde Nación señalaron que las perspectivas apuntan a una continuidad del crecimiento del mercado internacional para los productos argentinos y anticiparon que este grupo podría generar más de 75 millones de dólares en divisas durante el año. Se trata de una actividad que todavía no cuenta con una extensa trayectoria exportadora, pero que viene ganando terreno de la mano de una demanda externa cada vez mayor.
En ese mapa productivo, San Juan todavía no ocupa un lugar entre las principales provincias exportadoras. El grueso de los envíos sale actualmente de Córdoba, mientras que Mendoza, Santiago del Estero, Buenos Aires y Tucumán también se encuentran entre las jurisdicciones con una participación preponderante. Sin embargo, la provincia cuenta con unas 5.000 hectáreas dedicadas a este cultivo y, para quienes ya apostaron por su industrialización y comercialización internacional, existe un margen considerable para seguir creciendo.
Uno de ellos es Gustavo Dorgan, propietario de la empresa que lleva su apellido como marca y, hasta el momento, la única firma sanjuanina que exporta alfalfa. El empresario posee 1.000 hectáreas en producción, es decir, alrededor de una quinta parte de toda la superficie provincial destinada actualmente a este cultivo, y este año decidió avanzar con una nueva inversión para industrializar la materia prima y mejorar la competitividad en los mercados externos.
Dorgan contó a los colegas de Diario de Cuyo que la empresa incorporó una línea para producir pellets de alfalfa y que, en el corto plazo, podría triplicar su capacidad productiva. La firma ya cuenta con clientes en Emiratos Árabes, Centroamérica y algunas zonas de Asia, mercados en los que estos productos se destinan a la alimentación de distintas especies animales.
“Para todo, camellos, ganado, pero sobre todo los caballos”, explicó el empresario al referirse al destino que sus compradores internacionales dan a la alfalfa sanjuanina. La demanda externa ha ido aumentando y, cuando se alcanzan determinados estándares de calidad, es posible llegar a mercados particularmente exigentes, entre ellos los países árabes.
Hasta ahora, el principal destino de los productos derivados de la alfalfa había sido la ganadería nacional. Sin embargo, el crecimiento de las exportaciones abre nuevas posibilidades para los productores y también pone en discusión la búsqueda de alternativas frente a otros cultivos más tradicionales de San Juan. Para Dorgan, incluso podría resultar una buena oportunidad “sacar parrales y cambiarlos por alfalfa”.
El planteo se apoya, según explicó, en las características propias del cultivo y en su relativa sencillez de manejo. “Prácticamente no tiene problemas”, aseguró. La alfalfa se siembra una vez cada cinco años y, durante ese período, las tareas principales consisten en regarla y cortarla.
“Se siembra una vez cada cinco años y lo único que hay que hacer es regar y cortarlo, es un cultivo muy seguro”, sostuvo Dorgan. Entre sus ventajas, destacó que el granizo no provoca daños de importancia y que tampoco existen enfermedades graves capaces de generar pérdidas significativas, dos aspectos especialmente relevantes para cualquier productor al momento de evaluar una inversión agrícola.
Actualmente, las cerca de 5.000 hectáreas de alfalfa existentes en San Juan se distribuyen tanto en el Valle de Tulum como en el norte provincial. El cultivo puede mantenerse mediante métodos tradicionales de riego, aunque también existe la posibilidad de implementar sistemas más tecnificados. Estos últimos, según explicó el empresario, requieren una mayor inversión inicial y tienen costos energéticos superiores.
A las características productivas se suma otra ventaja señalada por el Ministerio de Producción: la alfalfa cultivada en San Juan posee un mayor valor proteico en proporción con su peso frente a la producida en otros lugares. Esta cualidad resulta fundamental para el sector ganadero, donde el valor nutricional del alimento incide directamente en la generación de masa muscular o en la producción de leche de los animales que lo consumen.
La industrialización, además, no requiere un proceso excesivamente complejo. “Una persona corta la alfalfa, hace los rollos y eso va en un camión hasta la planta donde se produce el pellet”, describió Dorgan. El pellet es uno de los formatos más populares, aunque no es el único, ya que la materia prima puede procesarse de distintas maneras según las necesidades específicas de cada comprador.
La decisión de la empresa sanjuanina de avanzar en este camino tomó forma durante 2026 con la inversión en nueva maquinaria. “Ya hicimos andar una máquina que produce 1.500 kg por hora y tenemos para poner a trabajar otras tres que hacen hasta 7.000 kg/h”, detalló el empresario.
En una primera etapa, la firma decidió procesar la producción proveniente de sus propias 1.000 hectáreas mientras termina de poner a punto el resto de la infraestructura. Pero la mirada está puesta más allá de sus propios campos: el objetivo es comenzar a recibir la producción de otras fincas sanjuaninas, industrializarla y así aumentar el volumen disponible para responder a una cartera creciente de clientes internacionales.
Este punto podría convertirse en una oportunidad concreta para otros productores primarios de la provincia, especialmente porque, según destacó Dorgan, la alfalfa es uno de los pocos productos en los que “se paga en el momento de la descarga al productor”.
La expectativa es que hacia finales de julio esté funcionando el resto de la planta. Llegar a esa instancia demandó, según reconoció el empresario, un esfuerzo importante debido a las dificultades para conseguir tanto las máquinas como los elementos necesarios para mantenerlas en funcionamiento. “Es un tipo de maquinaria que no hay y tampoco los repuestos”, aseguró.
A pesar de esos obstáculos, Dorgan confía en que la actividad continuará expandiéndose y que nuevos productores primarios e industriales podrán incorporarse al negocio. La oportunidad está marcada por un mercado internacional que demanda cada vez mayores volúmenes y por una Argentina que viene batiendo récords en sus exportaciones de productos forrajeros.
Para San Juan, el desafío será transformar una actividad que hoy ocupa unas 5.000 hectáreas y tiene una sola empresa exportadora en una cadena productiva de mayor escala. Con capacidad instalada en crecimiento, una materia prima de alto valor proteico y clientes que ya llegan desde Emiratos Árabes, Centroamérica y distintas zonas de Asia, la alfalfa empieza a mostrar un horizonte que hasta hace poco parecía lejano.