Por: Redacción Actualidad Jachallera
No fue sencillo. Argentina debió trabajar, insistir y esperar hasta el tiempo suplementario para quebrar definitivamente la resistencia de un conjunto suizo que complicó durante buena parte del encuentro y que, pese a quedarse con diez futbolistas durante el segundo tiempo, logró sostener el empate hasta los minutos finales del alargue.
Alexis Mac Allister abrió el marcador para la Albiceleste cuando apenas se habían disputado 10 minutos. Dan Ndoye estableció el empate para Suiza a los 67, mientras que Julián Álvarez apareció a los 112 minutos con un verdadero golazo para romper la paridad. Finalmente, Lautaro Martínez sentenció la historia en tiempo agregado del suplementario y desató el festejo argentino.

El equipo de Scaloni salió decidido a asumir el protagonismo y rápidamente encontró la ventaja. A los 10 minutos, Lionel Messi ejecutó un tiro de esquina y Alexis Mac Allister apareció para conectar de cabeza y establecer el 1-0.
El gol tempranero parecía abrir el camino hacia una noche tranquila, pero Suiza nunca se entregó. El conjunto europeo se mantuvo en partido, resistió los avances argentinos y encontró en su arquero Gregor Kobel a una de sus figuras más importantes, con intervenciones decisivas para impedir que la diferencia se ampliara.
Argentina manejó distintos pasajes del encuentro, aunque sin conseguir liquidarlo. Y en esta clase de partidos, cuando un equipo perdona, muchas veces termina sufriendo.

A los 67 minutos llegó el baldazo de agua fría. Dan Ndoye consiguió el empate 1-1 y volvió a poner todo en discusión. De repente, un encuentro que Argentina parecía controlar quedó completamente abierto y la tensión comenzó a crecer.
Cinco minutos más tarde se produjo otro momento determinante: Breel Embolo fue expulsado después de la intervención del VAR y Suiza quedó con diez jugadores. Con superioridad numérica, la Selección adelantó sus líneas y fue en busca del segundo gol, pero se encontró una y otra vez con una defensa cerrada y con un Kobel inspirado bajo los tres palos.
Pasaron los minutos, aumentó la ansiedad y el gol no llegó. Después de los 90 minutos reglamentarios, el marcador continuaba 1-1 y la clasificación debía definirse en el suplementario.
Otra vez había que sufrir.

El tiempo extra profundizó el dramatismo. Argentina tenía la pelota, buscaba espacios y trataba de aprovechar el desgaste de una Suiza que llevaba varios minutos jugando en inferioridad numérica. Sin embargo, el reloj avanzaba y la posibilidad de una definición por penales comenzaba a aparecer en el horizonte.
Hasta que apareció Julián Álvarez.
A los 112 minutos, el delantero recibió la pelota después de una intervención de José Manuel "Flaco" López y sacó un extraordinario remate desde afuera del área para marcar el 2-1. Un golazo. Un desahogo. Una explosión de alegría para todo el seleccionado argentino después de una noche cargada de nerviosismo.
El tanto de la Araña quebró definitivamente la resistencia suiza. Obligado a buscar desesperadamente el empate, el conjunto europeo dejó espacios y Argentina encontró la oportunidad para sentenciar la historia.
En el tiempo agregado del suplementario, Lautaro Martínez aprovechó esos espacios y convirtió el 3-1 definitivo. El Toro puso cifras finales a una batalla que demandó 120 minutos de fútbol, paciencia y carácter.

El pitazo final desató la celebración. Argentina había vuelto a superar una prueba límite y se encontraba nuevamente entre las cuatro mejores selecciones del planeta.
El vigente campeón del mundo mantiene vivo el sueño de defender la corona y conquistar por segunda vez consecutiva el máximo título del fútbol internacional. Para conseguirlo, todavía deberá superar enormes desafíos, y el próximo será uno de esos partidos capaces de paralizar a un país entero.
El miércoles 15 de julio, la Albiceleste enfrentará a Inglaterra en las semifinales, después de que el conjunto británico eliminara a Noruega con una victoria 2-1, también en tiempo suplementario. Jude Bellingham fue la gran figura inglesa al convertir los dos goles de su selección.

Argentina-Inglaterra no será una semifinal más. Será uno de los enfrentamientos más esperados del Mundial, entre dos potencias del fútbol y dos selecciones atravesadas por una rivalidad histórica que dejó capítulos inolvidables en las Copas del Mundo.
La última vez que argentinos e ingleses se enfrentaron en un Mundial fue en Corea-Japón 2002, cuando Inglaterra ganó 1-0. Antes habían protagonizado duelos memorables en 1962, 1966, México 1986 y Francia 1998.
Ahora volverán a encontrarse, esta vez con un lugar en la gran final del Mundial 2026 en juego.
Argentina llegará después de superar 3-2 a Cabo Verde en los 16avos de final, vencer 3-2 a Egipto en octavos y derrotar 3-1 a Suiza en cuartos de final. Inglaterra, por su parte, viene de imponerse 2-1 a Noruega en el suplementario.