Por: Redacción Actualidad Jachallera
El frío intenso del invierno sanjuanino no fue suficiente para detener a Víctor Revilla. Apenas pasadas las 8:30 de la mañana de este lunes 6 de julio, cuando el termómetro todavía marcaba temperaturas bajo cero, el aventurero venezolano de 45 años volvió a cargar su inseparable carrito y emprendió una nueva etapa de la travesía más importante de su vida.
Su destino inmediato es Chilecito, en la provincia de La Rioja, aunque el verdadero objetivo está mucho más lejos: unir Ushuaia con Alaska completamente a pie, un desafío que comenzó hace casi seis meses y que lo llevó a recorrer miles de kilómetros atravesando algunos de los paisajes más extremos del continente americano.
Revilla, quien además es exmarine de Estados Unidos, pasó los últimos días en el departamento Jáchal luego de haber arribado el viernes 3 de julio. Aprovechó el descanso para recuperar energías antes de continuar por la Ruta 491 en dirección al norte del país.
Su paso por la provincia de San Juan no fue sencillo. Durante el recorrido soportó temperaturas extremas, agua completamente congelada y largas jornadas caminando en condiciones muy adversas. Incluso, durante ese trayecto recibió la ayuda de un trabajador de Vialidad, un gesto solidario que le permitió continuar avanzando en medio de las dificultades propias del invierno cordillerano.
Durante una entrevista concedida a Actualidad Jachallera, Revilla explicó que el tiempo comienza a jugar un papel determinante en su planificación. "La próxima pausa sería en Chilecito. Me tengo que apurar porque me queda un mes nada más para salir del país. En verdad no quiero ir para Chile y volver, pero tengo que llegar a La Quiaca y todavía me quedan un poquito más de 1.200 kilómetros para hacerlo en 29 o 30 días", expresó.
La magnitud del desafío impresiona. El aventurero ingresó a la Argentina el 8 de enero y apenas dos días después comenzó oficialmente su recorrido caminando.
"Yo llegué aquí a Argentina el 8 de enero y el 10 de enero empecé a caminar. Pasé todo Tierra del Fuego caminando, no tenía el carrito todavía. Cuando llegué a Puerto Natales me construyeron el carrito. De Puerto Natales llegué a la Ruta 40 por Río Turbio y agarré la 40 desde ese momento" relató.
Durante casi medio año de caminata, Víctor asegura haber vivido experiencias de todo tipo. "He encontrado de todo, entre animales, buenas personas, frío, vientos en el sur de Patagonia, lluvia. Me dio hipotermia una vez. Lo he pasado por todo, por todo un poco. Pero sí, me ha encantado. De todas maneras me ha encantado todo", contó con una sonrisa, dejando en claro que las dificultades forman parte del sueño que decidió perseguir.
El viaje no solamente le ha permitido descubrir paisajes increíbles, sino también conocer cientos de personas que, sin conocerlo previamente, decidieron tenderle una mano en distintos puntos del continente.
Durante la entrevista también hubo espacio para hablar de la difícil situación que atraviesa su país natal tras los recientes terremotos que provocaron numerosas víctimas fatales.
Con evidente emoción, Revilla manifestó que la distancia hace aún más difícil vivir esos momentos.
"Ha dolido bastante, especialmente porque las personas, los extranjeros, los que estamos fuera del país, no podemos viajar a Venezuela por muchas razones políticas o por el mismo gobierno que ha impedido a mucha gente llegar a Venezuela. Pero sí, mi corazón está con ellos".
Explicó además que su familia reside en Maracaibo y que afortunadamente no sufrió consecuencias directas por el fenómeno.
"Mi familia es de Maracaibo, son maracuchos. Ellos no lo sintieron tanto, pero igual, como venezolano, cada otro venezolano te duele como si fuera tu propia familia."
Revilla también reveló una historia profundamente personal. Hace más de veinte años que no puede regresar a Venezuela.
"Ya llevo desde el 2004 que no he podido volver. Intenté meterme a Venezuela, pero es muy difícil, especialmente con ese régimen que estaba en ese momento. No era muy fácil caminar las calles, era muy inseguro y muy difícil salir una vez del aeropuerto. No he regresado más, no he podido volver a volar para Venezuela."
A pesar del frío, las bajas temperaturas y el enorme esfuerzo físico que implica recorrer cientos de kilómetros caminando, Revilla asegura que disfruta plenamente de la experiencia.
"Yo sé que la gente siempre me está ofreciendo llevarme por el frío, me ven a veces sufriendo en la calle. No estoy sufriendo... sí estoy sufriendo, pero no estoy sufriendo, estoy bien. Es parte de la aventura. Se los agradezco bastante, pero siempre me intentan llevar para todas partes."
Si hay algo que destacó durante su paso por el departamento fue la hospitalidad de los jachalleros. Antes incluso de ingresar a la ciudad, varias personas ya se habían acercado para ofrecerle ayuda.
"Especialmente antes de llegar aquí, antes de llegar a Jáchal... conocí a Rodrigo y a Daniela de la familia Tejada. Ellos me alojaron, me dieron de comer, me consiguieron una cabaña. Han hecho todo lo posible para que yo estuviera muy cómodo aquí."
Durante los días de descanso también tuvo la oportunidad de recorrer distintos lugares emblemáticos del departamento. "Me llevaron por el pueblo para conocer la Iglesia, la Plaza San Martín, donde hacen la Fiesta Nacional de la Tradición... muy lindo. Han hecho todo lo posible para que vea cada rincón de Jáchal y conocer lo más que pueda."
Su paso dejó una imagen de sencillez, perseverancia y gratitud. También se llevó el afecto de quienes lo acompañaron durante esos días y una experiencia que, según él mismo reconoce, permanecerá entre los mejores recuerdos de su extenso recorrido por Argentina.
Con el amanecer helado del lunes como escenario, Víctor Revilla volvió a ponerse en marcha. El norte argentino lo espera, mientras cada paso lo acerca un poco más a La Quiaca y, mucho más allá, al sueño que comenzó en el extremo sur del continente: llegar caminando desde Ushuaia hasta Alaska. Una aventura extraordinaria que sigue escribiéndose kilómetro tras kilómetro sobre las rutas de América.