Por: Redacción Actualidad Jachallera
El golpe fue brutal y casi sin margen de reacción. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, el primer sismo fue de magnitud 7,2 y ocurrió cerca de Yumare; apenas 39 segundos después se produjo otro movimiento aún más fuerte, de magnitud 7,5, con epicentro cercano a Morón y una profundidad estimada de 10 kilómetros.
Las zonas más afectadas son Caracas y, sobre todo, el estado La Guaira, donde se registraron derrumbes, edificios colapsados, cortes de servicios y escenas desesperantes de vecinos removiendo escombros con las manos, palas y herramientas improvisadas ante la falta de maquinaria pesada suficiente.
Con el correr de las horas, la tragedia fue creciendo. Las primeras cifras oficiales hablaban de 188 muertos y más de 1.500 heridos; luego algunos reportes elevaron el número a 235 fallecidos y 4.300 heridos. Este viernes, medios internacionales informaron que el saldo ascendió a 920 víctimas fatales y más de 3.300 heridos, mientras seguía el operativo de rescate.
El drama humano se concentra ahora en la búsqueda de sobrevivientes. Hay reportes de personas atrapadas bajo estructuras derrumbadas y familias enteras que todavía no logran ubicar a sus seres queridos. La ayuda internacional comenzó a llegar con equipos de rescate, insumos y asistencia humanitaria, mientras organismos como la ONU y países de la región se suman al operativo.
El Servicio Geológico Colombiano también registró el fuerte movimiento del 24 de junio y precisó que el sismo tuvo magnitud 7,0 en su medición, con profundidad superficial menor a 30 kilómetros. El temblor se sintió además en varias zonas de Colombia.
La magnitud del desastre expuso la fragilidad de la infraestructura venezolana. Viviendas precarias, edificios antiguos, hospitales sobrecargados y servicios básicos golpeados complican la respuesta en las primeras 48 horas, consideradas claves para encontrar personas con vida.
En las calles, el miedo no terminó con los primeros sacudones. Muchas familias pasaron la noche a la intemperie por temor a réplicas, mientras otras continúan frente a los escombros esperando una noticia.