Por: Redacción Actualidad Jachallera
El estudio explora el uso de dos fármacos habituales, prometazina y clorpromazina, para reducir la temperatura corporal y enlentecer el metabolismo sin recurrir a métodos físicos de enfriamiento. Los resultados sugieren la posibilidad de desarrollar una nueva estrategia de protección cerebral en la fase aguda del ACV.
El accidente cerebrovascular isquémico ocurre cuando un coágulo interrumpe el flujo sanguíneo hacia el cerebro. Cada minuto sin oxígeno incrementa el riesgo de daño irreversible.
Las terapias actuales se centran en restaurar el flujo sanguíneo lo más rápido posible, ya sea con medicamentos o cirugía, pero incluso después de conseguirlo, el daño cerebral puede seguir avanzando debido a la lesión inicial.
Un grupo de científicos, liderados por Shuaili Xu de la Capital Medical University de Pekín, buscaron una solución alternativa inspirada en la naturaleza: inducir un estado de “hibernación” en el cerebro, tal como ocurre en algunos mamíferos para sobrevivir al invierno.
El tratamiento con C+P redujo el daño cerebral y mejoró la función neurológica en un modelo de accidente cerebrovascular en ratones. Así, el equipo utilizó prometazina y clorpromazina, dos medicamentos ampliamente conocidos y usados en otras patologías, para probar si podían provocar una disminución controlada de la temperatura y el metabolismo cerebral.
En los ensayos preclínicos realizados con ratones y monos rhesus, la combinación de fármacos permitió reducir la temperatura corporal hasta los 33–34°C, suprimiendo el metabolismo y protegiendo el tejido cerebral.
Ambas sustancias actúan directamente sobre el sistema nervioso central, permitiendo reducir la temperatura interna sin desencadenar temblores musculares ni la sensación subjetiva de frío. Es decir, consiguen lo que las mantas frías y los cascos de hielo no han logrado: enfriar el cerebro de manera tolerable y sin reacciones fisiológicas negativas.
En estos modelos animales, el cóctel de prometazina y clorpromazina no solo indujo una hipotermia suave, sino que también frenó el metabolismo de la glucosa en las células y limitó de forma significativa el alcance de los daños en el tejido cerebral. Como resultado, los animales tratados mostraron una recuperación motora superior tras el ACV.
El paso siguiente fue el ensayo clínico de fase I en pacientes humanos con ACV isquémico. Estos pacientes recibieron, junto al tratamiento estándar, la combinación farmacológica o un placebo. Según Medical Xpress, “la dosis de 100 mg fue segura y logró reducir ligeramente la temperatura corporal, ralentizando el metabolismo”.
El seguimiento a 90 días mostró que los pacientes que recibieron la dosis más alta tuvieron una buena recuperación y ningún caso de complicaciones graves como caídas peligrosas de presión arterial o problemas respiratorios.
No obstante, la reducción de temperatura fue modesta: apenas 0,3°C, una cifra que no bastó para reducir el daño cerebral de forma significativa en este primer intento.
La infusión intravenosa se aplicó a lo largo de 12 horas, diluyendo el efecto farmacológico. El equipo científico cree que una administración más rápida podría obtener mejores resultados.