Por: Redacción Actualidad Jachallera
Mientras las postales de la Cordillera sanjuanina vuelven a mostrar cumbres cubiertas de nieve y generan una sensación de alivio entre los habitantes de la provincia, los datos científicos más recientes obligan a mirar el panorama con cautela. Detrás de la imagen invernal que hoy domina el paisaje, los especialistas advierten sobre un escenario climático que podría complicar seriamente la disponibilidad de agua durante la próxima temporada estival.
La preocupación tomó mayor fuerza luego de que la Comisión Multisectorial del Estudio Nacional de El Niño (Enfen) difundiera un nuevo informe en el que ratifica el desarrollo del fenómeno climático entre junio de 2026 y marzo de 2027, con una elevada probabilidad de alcanzar una intensidad fuerte entre noviembre y diciembre.
La actualización representa un dato clave para San Juan, una provincia cuya economía, producción agrícola y abastecimiento urbano dependen en gran medida del comportamiento de la nieve en la Cordillera. Lejos de traer tranquilidad, la confirmación científica coincide con las advertencias que previamente había realizado el secretario de Recursos Hídricos y Energía Renovable, David Devia, quien le había señalado al periodista Alejandro Pellegrinuzzi.
El principal temor radica en la naturaleza de las precipitaciones que podrían registrarse durante los próximos meses. Los especialistas explican que no basta con que precipite en la alta montaña. Lo verdaderamente importante es que esas precipitaciones se produzcan en forma de nieve y que logren acumularse de manera sólida para constituir una reserva natural que se libere gradualmente durante el verano.
Ese mecanismo es fundamental para alimentar los ríos, embalses y sistemas de riego que sostienen la actividad económica sanjuanina. Cuando las precipitaciones ocurren en forma de lluvia, el agua escurre rápidamente por las cuencas y pierde gran parte de su capacidad de almacenamiento natural.
El último reporte del Enfen incrementó la preocupación al elevar la intensidad proyectada del fenómeno desde una categoría moderada hacia una fuerte para el período comprendido entre junio y septiembre. Además, los especialistas prevén que sus efectos se extiendan durante el primer trimestre de 2027.
Desde el Gobierno provincial reconocen que el escenario requiere un seguimiento permanente. Aunque aún existen variables por definir y los modelos climáticos pueden presentar diferencias regionales, la tendencia general no resulta alentadora para quienes esperan una recuperación significativa de las reservas hídricas.
El problema es aún más delicado porque las proyecciones indican que el momento de mayor intensidad del fenómeno ocurriría entre noviembre y enero, una época del año en la que prácticamente ya no se registran nevadas importantes en la Cordillera sanjuanina. En otras palabras, el evento alcanzaría su máxima fuerza cuando ya haya concluido gran parte de la temporada de acumulación nívea.
El Niño es un fenómeno climático de escala global que se origina por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Ese aumento de temperatura modifica los patrones atmosféricos y altera el comportamiento habitual de los sistemas meteorológicos en distintas regiones del planeta.
Para San Juan, las consecuencias pueden ser particularmente sensibles. Una atmósfera más cálida sobre la Cordillera reduce las posibilidades de nevadas persistentes y favorece precipitaciones líquidas o episodios de lluvia en zonas donde normalmente debería acumularse nieve.
La coordinadora del Enfen, Grinia Ávalos, indicó que actualmente ya se observa un importante calentamiento oceánico y temperaturas superiores a las habituales. Según los registros analizados, algunas áreas del Pacífico presentan valores de hasta cinco grados por encima de los promedios históricos, una anomalía que alimenta la evolución del fenómeno y fortalece sus efectos.
Las advertencias no provienen únicamente de organismos sudamericanos. La preocupación también es compartida por centros científicos internacionales de máxima referencia. Expertos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estiman que existe un 63% de probabilidades de que se produzca un episodio de El Niño catalogado como "muy fuerte" entre noviembre y enero.
De concretarse ese escenario, el evento podría ubicarse entre los más intensos observados desde mediados del siglo pasado, integrando un grupo muy reducido de fenómenos climáticos que marcaron la historia reciente por su magnitud e impacto.
Precisamente esa categoría de "muy fuerte" es la que genera mayor inquietud entre las autoridades vinculadas a la gestión del agua. Con temperaturas tan elevadas en el Pacífico y una atmósfera más cálida sobre la Cordillera, disminuyen las probabilidades de que se produzcan grandes acumulaciones de nieve capaces de sostener los caudales durante el verano.
Por esa razón, David Devia insistió en que la presencia de nieve en las montañas durante estos días no debe interpretarse como una señal definitiva de recuperación. El verdadero balance dependerá de cuánto logre acumularse, de la calidad de esa nieve y de su capacidad para mantenerse hasta la temporada de deshielo.
Actualmente, el Gobierno de San Juan mantiene un monitoreo permanente mediante imágenes satelitales, tecnología de observación terrestre y sistemas de seguimiento de las condiciones nivológicas. El objetivo es determinar si las capas que están cayendo en la Cordillera alcanzarán un volumen suficiente para convertirse en una reserva efectiva de agua.
Las próximas semanas serán determinantes. Los especialistas buscan establecer si las bajas temperaturas logran consolidar las acumulaciones actuales o si el avance de un Niño fuerte terminará limitando su permanencia.
Mientras tanto, la coincidencia entre los pronósticos del Enfen, la NOAA y otros organismos internacionales obliga a proyectar un escenario de extrema prudencia. La ciencia todavía deja margen para algunas variaciones locales, pero la tendencia general apunta hacia un verano desafiante para una provincia que depende del agua de deshielo para sostener gran parte de su actividad productiva.