Por: Redacción Actualidad Jachallera
En los últimos días, una noticia recorrió los medios de comunicación de todo el país y no pasó desapercibida: en una carnicería de la provincia de Chubut se comercializó carne de burro, con un precio de venta que alcanzaba los $7.500 por kilo. El dato, por sí solo, fue suficiente para generar sorpresa, pero lo que realmente encendió el debate fue la reacción de una sociedad poco habituada a este tipo de consumo.
La controversia no solo giró en torno a la idea de consumir carne de burro, sino que rápidamente se trasladó a un terreno más complejo: las dudas sobre la legalidad de su faena y posterior comercialización. En un país donde el consumo está históricamente centrado en la carne vacuna, y en menor medida en el cerdo o el pollo, la aparición de esta alternativa generó interrogantes, cuestionamientos y hasta rechazo en algunos sectores.
En este contexto, desde Actualidad Jachallera se buscó la palabra de una voz autorizada para aportar una mirada profesional y despojada de prejuicios. La médica veterinaria Natalia Coralli, jefa de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Jáchal, brindó su análisis sobre el tema.
“La carne de burro es una fuente más de proteínas. Una carne como cualquier otra”, explicó Coralli, quien además señaló que, desde el punto de vista nutricional, comparte características con la carne de caballo. “Tienen menos cantidad de lípidos, menos cantidad de grasas, y son un poco más ricas en vitaminas B, según lo que tengo entendido”, detalló.
Para la especialista, gran parte del revuelo generado tiene una explicación más cultural que sanitaria o nutricional. “Creo que es una cuestión cultural. Está muy arraigado el consumo de carne vacuna, de cerdo o de pollo, pero no de estas especies, entonces por eso a lo mejor causa tanto impacto”, sostuvo.
Lejos de tratarse de una práctica aislada o novedosa en todo el territorio, Coralli remarcó que el consumo de carne de burro tiene antecedentes en distintas regiones del país. “En todo lo que es el norte de la Argentina y en zonas rurales se consume carne de burro hace muchos años. Es normal para algunas comunidades”, aseguró.
Incluso, la profesional aportó un dato que para muchos resulta desconocido: “Argentina es uno de los exportadores de carne de equino al norte de Europa y a Japón. Hay frigoríficos de carne de caballo en el país y exportamos mucha carne”. Este punto pone en evidencia que, aunque no forme parte del consumo cotidiano de la mayoría de los argentinos, se trata de una producción existente y regulada en ciertos circuitos.
Respecto a una de las principales preocupaciones de la población —los posibles efectos en la salud— Coralli fue contundente: “Para nada, mientras se maneje con los cuidados que se tiene que manejar como una planta de faena de bovinos, de cerdos o de pollos, se puede consumir igual que cualquier tipo de carne”