martes 24 de noviembre de 2020 - Edición Nº1527
Actualidad Jachallera » Opinión » 17 oct 2019

reflexión semanal

Negritas jachalleras, de pueblo y conscientes

Es lamentable tener que escribir todo esto. Pero sirve y mucho; porque nos ayuda a poner en discusión muchas cosas: los cánones de belleza, la violencia de género, la misoginia, la empatía humana, las clases sociales y el raciocinio colectivo. (Por Marcelo Castro Fonzalida)


Por:
Marcelo Castro Fonzalida

Si Botticelli volviese a pintar el Nacimiento de Venus le faltaría lugar en su ostra para subir a tantas jachalleras ahí.

Sin dudas lo que dijo al aire en la radio esa locutora es plenamente repudiable, y hasta condenable si es que la justicia avanza y el Inadi falla a favor de los denunciantes. Pero sobre todo esta realidad que toca y discrimina no es más que la consecuencia de nosotros mismos.

Desde la división entre Unitarios y Federales o Civilización y Barbarie; este país siempre se esforzó en permanecer segregado. Pero para que eso sucediera debían existir responsables plenos de tales actos. Pues de esa manera se garantiza la tenencia de poder para algunos y la sequía y explotación para otros. Claro está que estas manifestaciones de diferencias de vida y humanidades han echado raíz hasta hoy. Por eso los divulgadores de odios están al acecho y se manejan con gran soltura.

No es dato menor el comportamiento de los medios de comunicación en dar riendas sueltas a sus comunicadores para que digan lo que les venga en gana. Escudándose de una endeble libertad de expresión. Como si parados desde ahí, cualquier mensaje es válido y debe ser respetado. Ojo, no cualquier comunicador/ra, sino los que representan a la perfección las líneas editoriales de sus respectivos espacios. Ese movimiento dentro de los medios causa que alguien, otra vez, escondiéndose a través de otra palabra como el humor, pueda actuar de manera canalla, vil y discriminatoria.

Cuando suceden estas cosas es porque sin dudas no hay más contenido que eso. La chabacanería a la orden del día se mezcla entre culos, tetas y el pene de un tipo que tal vez buscaba más fama de la que una minoría en nuestro país le da. Humor en tiempos que el país contrae deudas y contaminan nuestros recursos naturales es necesario. Pero el humor de verdad, que no daña ni escupe maldad, sino el otro, el divierte en serio.

El snobismo argentino fue una constante, sobre todo desde fines de S. XIX en adelante. Cada vez más marcado en la burguesía del país y en la clase media aspiracional. Esa clase que es la más consumista de programas y contenidos sin sentidos en los medios.

La moral se pone como elemento esencial de la humanidad, junto a la religión y su defensa acérrima por la vida. Esas defensas están por arriba de todo, hasta de cualquier mujer morocha, de pueblo, obrera, joven y pacífica.

En general, muchos de los que vivimos en los pueblos, alejados de las grandes ciudades venimos de familias obreras, de villas, de barrios muy populares, de campos o conventillos. Desde ahí nos forjamos y aprendemos que los nuestro es de todo. Y lo de otros nunca puede ser nuestro. Porque ese es el pensamiento que se fecunda. Hasta que se rompe ese juego dialectico y comenzamos a creer que ese feudalismo ideológico se rompe con nuestra propia moral. Y aparece el concepto de identidad tan arraigado que dejamos de vernos como Wanda Nara para ser nosotros, el del barrio que amanece trabajando para darse el gusto vacional de fin de año.

El desclasado es el peligroso. Porque que cree en lo que le hicieron creer y repite sin miramientos de crítica. Es el que no juzga y engendra en su pensamiento que el odiar, juzgar y discriminar es normal, haciéndolo desde la cúspide peligrosa de creerse empoderado por aplaudidores y lacayos temporales y viciados.

Normalizar desde los medios de comunicación a periodistas xenófobos y fascistas es de una alta peligrosidad. Porque la masa no es tonta, nadie la obliga a escuchar cierto contenido, pero si alimenta bolas de nieve que se vuelven potencialmente mortales.

Actualmente les tocó a tres mujeres jachalleras ser víctimas de burla, bulling, discriminación y misoginia. Pero puede ser cualquier jachallera, o pocitana, o iglesiana o capitalina, etc.

Puede ser cualquier sanjuanina quién caiga presa de actos de desprestigios por snobistas empedernidas que pueden estar colgadas del cable.

Estas discusiones son interesantes para poner en valor los cánones de bellezas. De porque, a esta altura, por más nombre que se le cambie al certamen actual de Embajadora de la Fiesta del Sol, sigue siendo un concurso de quién es la más linda.

Hay dichos que dañan. Hace un tiempo, Mario Capello también le dijo a los jachallero que un vaso de cianuro no le hacía daño a nadie. En referencia a la contaminación de Barrick en el 2015 en los ríos de Iglesia y Jáchal. Otro desafortunado pronunciamiento fue cuándo Gioja tildó a todos los mendocinos de “gorilitas”.

Dichos, chistes, pedidos de disculpas; borrón y cuenta nueva. Queda en el inconsciente colectivo como picardías. Se festejan, se denigra; se ríen todos, la pasan mal otros.

¿Quién dice que es bueno reírse de nosotros mismos? ¿Tal vez, no es una estrategia de los sistemas empoderados para amenizar los embates xenófobos con lo que ellos se manejan? ¿Desde cuándo es bueno tratarnos mal?, ¿Cuál es la moda que hay que seguir para no quedar fuera de la “buena onda”?, ¿Desde cuándo el stand up se convirtió en la primera plana de los medios?.

Si el sincericidio de esa locutora fue una humorada, todo un departamento no lo entendió. Y causó malestar. Dolió, enojó y por supuesto, se defendió. Claramente nunca pasó por el tamiz del humor. Porque el odio en estos tiempos está más visibilizado. Porque las propias mujeres que defienden los derechos de todas se encargaron sororamente de sacarlos a la luz y ponerlos en discusión.

Negras o blancas, grasas o light, todos aquellos que piensan igual que ella que salgan y respalden sus peroratas. Así podemos identificar más rápido lo que no queremos para San Juan.

Las jachalleras se enojaron. Inundaron las redes sociales con auto-mensajes de solidaridad y reconocimiento de su origen. Tal vez esta iniciativa sirva para defender todo lo que está dentro del pueblo.

Mientras se siga despotricando gratis, el costo no será el mismo.   

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