martes 24 de noviembre de 2020 - Edición Nº1527
Actualidad Jachallera » Opinión » 11 oct 2019

reflexión semanal

Mercedes también es de Jáchal

Mercedes nació un 9 de julio, murió hace 10 años un 4 de octubre. Esta semana todos hablaron de ella, escucharon canciones, vieron fotos, festejaron en su honor. Jáchal fue testigo de su grandeza. Dejó una enseñanza: comprometerse. (Por Marcelo Castro Fonzalida)


Por:
Marcelo Castro Fonzalida

Aún quedan años y años para hablar de la cultura jachallera; ponerla en valor y activarla como se merece. Esto viene en sintonía a lo escrito en esta columna la semana pasada cuando decíamos que a la Fiesta de la Tradición hay que llenarla de arte y cultura.

Mercedes Sosa pasó por Jáchal, cantó, se emocionó con el anfiteatro, revivió a Buenaventura Luna y agradeció al pueblo por el abrigo que le dieron allá por el 2006.

La Negra aterrizó en Jáchal un 19 de noviembre, a la Fiesta de la Tradición, en pleno frio. Parecía invierno, estaba helado, más que eso. Hasta que… “por las tardes de sol y alameda, San Juan se vuelve tonada en la voz…” cantó Mercedes.

Los jachalleros se abrazaban, gritaban. Lloraban de emoción. Nadie se acordaba del frio en el Buenaventura Luna. ¡Y cómo no! si Mercedes encendió la llama del Fogón de los Arrieros con su voz.

Ardió cada alma sanjuanina esa noche. Mercedes Sosa gritó un “gracias Jáchal” en medio del valle. Así perpetuó un amor eterno, que vive aún en las calles del pueblo. Habría que pintar un gran mural con su cara. Y con la cara de la Martina y de la Amada Eulogia y de la Difunta, las artesanas jachalleras y la pachamama. Todas mujeres.   

Casi como una figura mítica, Mercedes estaba envuelta en un poncho jachallero. La Calixta Mallea le regaló ese abrigo del alma. Ideal para pasar un frio cantando como lo hizo la Negra. Y la voz del Aconcagua rugió en cada entonación. Como si nada importaba, o como si el mundo iba acabarse ahí no más y solo los pueblos podrían sobrevivir.

Mercedes miraba a San Martín bajar de los cerros, a Belgrano y Falucho, a los caudillos, al Chacho. Miraba por ratos el cielo, buscando tal vez la cruz del sur. Y nosotros la mirábamos a ella. La artista folclórica más importante del mundo estaba en Jáchal. En nuestra fiesta, en la de los artistas jachalleros y del pueblo.

Mercedes no dijo gracias porque sí. Lo hizo porque estaba a gusto de estar en la tierra de don Buena. Pues cantó Porque será que parece con una jachallera. Susana Castro vocalizó con ella. Y todos los sapos y grillos jachalleros se hacían un festín en sus lagunas.

Los corazones bailaban, los cerros se pintaban de verde, los caballos de los gauchos querían cantar en su relincho. Los pañuelos parecían palomas, estaba cantando la Negra, en nuestro pueblo, en nuestras entrañas.

Nunca se vio que una interprete se adueñara de las canciones como ella. Es que su estampa de luz universal fue muy difícil de separar esas canciones a su ser. Y uno se vuelve un devoto de ella. Porque hasta se hizo santa: luchó por la cultura Latinoamericana, vivió por otros, cantó por otros, se fundió en la oscuridad por otros y aun así, cada vez más, entregó su corazón.

En épocas difíciles, dónde la posmodernidad avanza seductoramente, los artistas, poetas, músicos, pensadores, intelectuales, periodistas y escritores en general debemos estar no solo atentos a la situación cultural de nuestros pueblos. Sino militar la preservación de lo identitario. Sobre todo, en las trincheras de la defensa de lo auténtico.

Urgente, ya, ni un minuto más a las industrias culturales ni a las multinacionales que destruyen la idiosincrasia ciudadana. Compromiso, esa es la clave.

Mercedes Sosa lo hizo. Podemos no solo cantar sus interpretaciones, también acercarnos a lo que ella, como tantos otros querían: avanzar en nuestra América.

La negra pisó Jáchal por última vez. San Juan se despidió de ella desde la capital provincial de la cultura. ¿nos damos cuenta de eso?

A los comprometidos nunca se los quiere. Se los olvida, se los esconde. Se paga más por un artista homofóbico y maltratador como el Chaqueño Palavecino en vez de un Bruno Arias. El primero canta por dinero, el otro por ideas.

A Mercedes se le debe infinitas aperturas culturales. Nosotros, como jachalleros le debemos seguir cantando por nosotros. Porque ella también es una jachallera en Latinoamérica.

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