martes 24 de noviembre de 2020 - Edición Nº1527
Actualidad Jachallera » Opinión » 26 ago 2019

COLUMNA SEMANAL

#YoLesCreoJachalleras (Por Marcelo Castro Fonzalida)

Por estas horas pasan cosas en Jáchal. Siempre sucede algo en el pueblo, pero a veces no le importa a nadie, o es más fácil no involucrarse: por miedo, falta de compromiso, el “qué dirán” o porque son víctimas o victimarios. Por Marcelo Castro Fonzalida.


Por:
Marcelo Castro Fonzalida

Un grupo de mujeres jachalleras denunció un supuesto abuso. Digo supuesto porque las palabras deben estar medidas bajo muchas ópticas. Pero si les hablo en primera persona debo decir que les creo plenamente a las mujeres que se atrevieron a decir lo que nadie quiere que se diga en Jáchal: se están violentando y golpeando cada vez más a nuestras mujeres y nadie hace nada.  

Aquelarre, la colectiva feminista de género y diversidad sexual que se creó con humanes del pueblo no han hecho más que patear el tablero de un sistema encastrado en las practicas violentas y patriarcales que tiene Jáchal.

Hay cierta moral judeo-cristiana en el inconsciente colectivo del pueblo que hace difícil dar ciertas discusiones. Porque justamente esa moral lo único que logra es mantener al margen a cientos de personas que deben ser incluidas en los debates de hoy, en las problemáticas actuales, en las luchas sociales: medio ambiente y género.

La doble morales de los ciudadanos de lugares como el nuestro están signadas por imposiciones sociales de años, décadas. No tienen la culpa, hasta que se toma partido por algo.

Hubo conceptos históricos que fueron calando hondo en los cimientos de la ciudad. Entonces, es cuándo se naturalizan ciertos actos y prácticas que a la larga se convierten en problemas altamente serios para la vida actual y las generaciones venideras.

Naturalizar la violencia psicológica y física hacía las mujeres es de una crueldad tan grande, como envenenar nuestra agua.

Es evidente el mensaje de los defensores de la violencia: ridiculizar las luchas, mancillar los mensajes de conciencia y cuidado; barajar todo tipo de posibilidad de exponer a cualquier mujer que denuncie violencia en Jáchal.

Exponerla de la manera más baja y sin argumento: feminazi, aborteras, bruja, putas, locas, pendejaS; o cualquier otro término despectivo para dejarlas a ellas en una posición dónde los que están en el otro extremo son las buenas costumbres, la moral, lo que está bien y el ser humano encomendado a dios. Sabemos que en nombre de dios se hizo mucho, y a veces hasta con sangre ajena.

En Jáchal existe una oficina gubernamental llamada Área de la Mujer. En ese lugar las denuncias sobre violencia de género son diarias. Lejos de callarse, las mujeres están denunciando. Pero no les está siendo fácil, menos en un pueblo que mira para otro lado el sufrimiento ajeno.

Por eso es imprescindible comenzar a pensar realmente en dónde estamos parados. Contra quién luchamos. Cuáles son los verdaderos enemigos. Hasta ahora (y espero siga así) no hubo un femicidio, pero según relatos y denuncias, eso no tardará en llegar. Y me pregunto, ¿cuánto vamos a esperar para creerles a las mujeres jachalleras que las violentan con toda impunidad? Mientras el sistema judicial no escuche habrá más colectivos feministas denunciando. Están unidas, sororas y dispuestas a no callarse. Le guste a quién le guste. Ninguna mujer jachallera en el pueblo está exenta de violencia. Pues tenemos que hacer algo.

Mientras un sector de la sociedad piensa en caprichos, otros idean a Jáchal como pueblo de segunda. Por ende se merece las cloacas violentas de los violentos. O ser destruidos y entregados por las multinacionales que explotan nuestra cordillera.

Podemos ser mejores, defendernos no es una opción, debe ser una bandera. Son momentos importantes dónde en nuestro país se debate el rumbo a seguir. En esa coyuntura también están las mujeres jachalleras. Ellas que dicen lo que otras no se atreven. Porque los violentos pueden ser de una “clase” baja, pero también pueden tener mucho poder.

En el juego mediático también hay un discurso cargado de significancia moral. Y los medios de comunicación entramos en un juego cargado de picardía y ocultamiento. Damos voces a los que tienen mucha voz, nos olvidamos de las que denuncian y hasta las demonizamos llevándolas al infierno del silencio y el señalamiento. Porque también hay que decirlo: la construcción del mensaje en los medios tradicionales de comunicación está signado por un binomio común y anquilosado, el machismo-palabra.

Cada vez más nos convertimos en ser especialistas de los detalles. Buscamos el error en los procederes. En los actos. En los pañuelos. En las edades. En que unos si y otras no. Mientras la violencia de género en Jáchal no se pone en discusión ni por un segundo.

¿En serio ustedes creen que unas pibas que podrían estar pensando en otras cosas, deben reunirse cada semana a darse apoyo tras la violencia que sufren; que les gusta exponerse y ser blanco fácil de críticas?

Si pensamos así, somos unos canallas.

Dejemos esas canalladas de lado. Comencemos a escuchar. Analizar, preguntarnos, preguntarles a ellas, cuidarnos, cuidarlas.

¿De qué lado vamos a estar?, yo del lado de Jáchal.

#YoSiLesCreoJachalleras.

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