Por: Redacción Actualidad Jachallera
En el Sector Industria de la Escuela Agrotécnica Manuel Belgrano, en Jáchal, la creatividad, el compromiso educativo y la mirada puesta en el desarrollo local se combinan para dar lugar a experiencias productivas que buscan aprovechar al máximo los recursos del departamento. Allí, el profesor José Díaz, junto a un equipo de docentes, instructores y auxiliares, impulsa la elaboración de productos con valor agregado a partir de materias primas que muchas veces son desaprovechadas.
La propuesta no solo tiene un fin pedagógico, sino también una fuerte impronta social y productiva: transformar frutas y verduras locales —algunas de ellas subutilizadas— en alimentos elaborados con potencial de comercialización y mayor durabilidad.

Uno de los ejemplos más claros es el trabajo realizado con la sandía. Según explicó Díaz, se trata de un producto que en muchas ocasiones queda descartado en los potreros o limitado al consumo fresco. Frente a esta realidad, el equipo decidió avanzar en nuevas alternativas: desarrollaron una crema de sandía y una mermelada, logrando muy buena aceptación entre quienes las probaron.
Incluso, crearon un producto particular al que denominaron “lingote”, una crema moldeada con una forma distintiva que busca también aportar identidad al producto. Sin embargo, uno de los principales desafíos es la conservación, especialmente en aquellos elaborados que no cuentan con envases herméticos, lo que reduce su durabilidad.

En paralelo, el equipo ya había experimentado con otras materias primas locales como batata, remolacha y zapallo, con resultados positivos aunque con la misma dificultad: el tiempo de conservación. En cambio, los productos envasados como mermeladas, tratados con técnicas adecuadas como el baño María, pueden alcanzar una duración cercana al año.
Pero el espíritu innovador del equipo no se detiene. En esta oportunidad, decidieron avanzar con un producto que representa un verdadero desafío: la tuna. Esta fruta, abundante en Jáchal y muchas veces desaprovechada, comenzó a ser objeto de estudio dentro de la escuela.
El proceso no fue sencillo. La presencia de espinas y pequeñas partículas (puques) implica riesgos en su manipulación, por lo que el equipo debió investigar, capacitarse y diseñar un procedimiento seguro. Además, se trabajó de manera articulada con un productor provincial que ya tenía experiencia en el tratamiento de esta fruta.
A partir de allí, se desarrolló un proceso que incluye la congelación para reducir riesgos, el lavado con agua a presión utilizando equipamiento adecuado, la extracción de la pulpa y finalmente la cocción para obtener mermelada. Todo esto se realiza bajo estrictas medidas de seguridad para proteger a quienes participan en la elaboración.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es la participación de los estudiantes, especialmente los de séptimo año, quienes se involucran directamente en estas experiencias productivas. Para ello, se elaboró un proyecto institucional que permite integrar el aprendizaje teórico con la práctica concreta.
El equipo de trabajo está conformado por los instructores Mónica Balmaceda y José Díaz, las auxiliares Roxana y Patricia, y los docentes Mayra Atampiz, María Yapura y Nicolás, quienes en conjunto impulsan estas iniciativas que fortalecen la formación técnica de los alumnos.

Actualmente, la elaboración de mermelada de tuna se encuentra en etapa de prueba piloto, con resultados alentadores. “Vamos a ir por lo pronto con algo simple, porque es un producto nuevo, difícil de tratar, pero muy noble”, explicó Díaz, destacando que el objetivo es mejorar progresivamente la calidad y las condiciones de cada elaboración.