Por: Redacción Actualidad Jachallera
Lo que suele ocurrir cuando Boca no da señales desde el juego, es el malestar de la gente ante cada error. Los más apuntados en el primer tiempo fueron los marcadores laterales. Weigandt y Blanco no evidenciaron garantías en la marca, y tampoco cuando tuvieron la oportunidad de pasar al ataque. De esa manera, el público los tuvo como destinatarios de algunos insultos.
El primer tiempo ofreció muy poco de ambos lados, y el espectáculo no brindó algo importante para destacar.
El desarrollo tuvo un cambio brusco en la segunda mitad. Boca presionó desde el comienzo y la pelota dio dos veces en el palo, por sendos remates de Merentiel y Bareiro.
Las jugadas fueron el anuncio de lo que vendría un instante más adelante. Boca convirtió dos goles en cinco minutos. El joven Aranda definió con un derechazo cruzado para festejar por primera vez; y luego Bareiro le dio de media vuelta en el área chica. El segundo tuvo que ser revisado por el VAR por una posible posición adelantada, pero finalmente se comprobó que estaba bien habilitado.
Las preocupaciones del inicio se fueron por completo en ese momento, y el delirio de los presentes fue total. Si bien el nivel del equipo no era superlativo, le alcanzaba para volver a ganar luego de cinco partidos en condición de local.
La tranquilidad y relajación, sin embargo, nunca están cerca de Boca, y un gol anulado a Instituto generó cierta incertidumbre. El respiro llegó cuando el VAR terminó invalidando el festejo de Lázaro. La sorpresa fue la lesión de Marchesín, que le tuvo que dejar su lugar a Brey. El juvenil tuvo algunas apariciones que no fueron correctas, y los cordobeses estuvieron cerca del descuento.
El gol de Instituto no llegó finalmente, y Boca pudo reencontrarse con el éxito. La cercanía de su participación en la Copa Libertadores está cerca, y este envión anímico parece despejar el panorama.