Por: Redacción Actualidad Jachallera
Tras la renuncia de Benedicto XVI el 28 de febrero se decretó la sede vacante y se sellaron los apartamentos papales. Los 115 cardenales electores llegaron a Roma, celebraron congregaciones y entraron en cónclave el 12 de marzo. La espera y la formalidad marcaron la apertura de un proceso observado por todo el planeta.
Cerca de 6.000 periodistas de 76 países siguieron el cónclave con listas de “papabili” y muchas conjeturas. El segundo día, la mañana trajo una humareda negra a las 11:39 y la incertidumbre se prolongó. Según el vaticanista Gerard O’Connell, varias votaciones no dieron fruto hasta que, en la sexta, Bergoglio obtuvo 85 sufragios.
Afuera, miles en la plaza aguardaban entre frío y lluvia. Una gaviota en la chimenea de la Capilla Sixtina ocupó las miradas. A las 19:06 salió humo blanco y la multitud rompió en ovación.
Luego el protodiácono proclamó: “Annuntio vobis gaudium magnum, habemus papam Eminentissium ac reverendissima Dominum, Dominum Goergium Marium Romanae Ecclesiae Cardinalem Bergoglio, qui sibi nomen imposuit Franciscum”.
A las 20:22 apareció el nuevo pontífice ante unas 250.000 personas y cámaras de todo el mundo. El Papa Francisco salió flanqueado por el decano del Colegio cardenalicio, su amigo el cardenal Claudio Hummes y el vicario de Roma, el cardenal Vallini. Con la sencilla sotana blanca y sin muceta, su estética rompía con la tradición visible en sus antecesores.
El jesuita de 76 años habló con tono cercano y pidió a la Iglesia de Roma “un camino de fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros”. También formuló un ruego antes de dar la bendición: “Les pido que oren al Señor para que me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la bendición para su obispo”.
Tras bendecir a Roma y al mundo, dijo: “Buenas noches y buen descanso”. El aplauso cerró la histórica velada y la gente se retiró conmovida; muchos volvieron a sus casas mientras una nueva luz se encendía en el Vaticano. Desde aquel 13 de marzo, el Papa Francisco comenzó un pontificado marcado por la cercanía.