Por: Redacción Actualidad Jachallera
Los efectos en el planeta ya revisten de espectacularidad, por ejemplo, a partir de la observación de auroras boreales en zonas en las que rara vez ocurren. Las agencias espaciales y de telecomunicaciones insisten en estar atentos a posibles interferencias en sistemas eléctricos, satelitales y de navegación. El GPS podría fallar a causa de este fenómeno y es necesario tomar precauciones.
Una tormenta geomagnética se caracteriza por una alteración de la magnetósfera, el campo magnético y escudo protector de la Tierra. Aunque el Sol de manera permanente produce viento solar (flujo constante de materia), en este caso se suma una llamarada (o fulguración) muy intensa, acompañada de una eyección de masa hacia el medio interplanetario.
Andrea Buccino, astrónoma del Conicet, cuenta que “La masa remite a partículas cargadas del Sol que interactúan con el campo magnético de la Tierra. Se producen corrientes que, en última instancia, modifican las comunicaciones. En Argentina, impactará en la zona antártica”.
Luego, la experta cuenta que el Sol está abandonando el máximo de su actividad magnética. “Cuando ello pasa, lo que se ven son fulguraciones muy intensas, acompañadas de eyecciones de masa coronal. De alguna manera, material solar --que además tiene campo magnético y partículas cargadas-- se expele al medio interplanetario y llega a la Tierra. Interactúa y provoca corrientes que generan una disrupción".
Si el planeta no tuviera un campo magnético, la atmósfera sería devastada y la población no dispondría de un escudo protector ante fenómenos como éste. Como las tormentas son acontecimientos que se repiten por ciclos, para rememorar una de magnitud similar hay que remontarse a 2003. En aquella ocasión, se solicitó a los aviones que evitaran grandes altitudes en las regiones polares. Además, como producto del descalabro, pudieron observarse auroras boreales en el sur de Estados Unidos y en países mediterráneos europeos.
Aunque en muchos casos los eventos que suceden en el espacio interplanetario parecen caprichosos, basta con conversar con un especialista para saber que buena parte de lo que ocurre presenta cierta regularidad. Estudiar esas regularidades es una de las principales actividades que realizan astrónomos y astrónomas, que desde hace mucho tiempo tratan de entender lo que pasa a miles de millones de kilómetros.
Las tormentas, habitualmente, suelen impactar en el sur del país. Buccino lo cuenta de este modo: "La tormenta no sucede en todos lados, sino en los polos, porque allí la topología del campo magnético es distinta. Es por esto que las auroras solo pueden ser observables en zonas nórdicas, o bien, australes“.
Diego Bagú, astrónomo y divulgador, apunta en el mismo sentido: “Las llamaradas están asociadas con lo que se denomina ‘eyecciones de masa coronal’. Una nube física de partículas: protones y electrones que viajan desde el Sol, y cuando impactan generan eventos como las auroras boreales y australes”.
En este caso, la tormenta que podría ocurrir en la región que ocupa Argentina forma parte de una secuencia de erupciones solares. De hecho, como las tormentas provienen de una zona activa de la estrella, más eventos como este podrían repetirse más adelante. Tanto la NASA como las agencias espaciales de todo el mundo monitorean la situación a través de sistemas de vigilancia.
A nivel doméstico, el Laboratorio de Alta Atmósfera (conformado por especialistas de la UBA, el Conicet y del Instituto Antártico, entre otros), que posee un detector de rayos cósmicos y un sistema de alertas de fulguraciones, también hace lo propio en tiempo real y no le pierde pisada al fenómeno.
Una de las preocupaciones habituales es responder al modo en que fenómenos como este pueden perjudicar la vida en la Tierra. Bagú explica: “Las tormentas se generan por la interacción del campo electromagnético de la Tierra y nuestra atmósfera, con partículas y radiación en gran cantidad que llega desde el Sol. Si bien nuestra estrella de manera constante envía radiación a todo el Sistema Solar, en algunos momentos produce llamaradas solares. Grandes explosiones de luz y de radiaciones electromagnéticas“.
El especialista se refiere a rayos X y Gamma, así como a ondas de radio, que impactan en el planeta y pueden afectar, por ejemplo, a los satélites artificiales e, incluso, a las redes eléctricas. Uno de los apagones más relevantes se reportó en Quebec (Canadá), en 1989. En la tormenta de 2003, Suecia sufrió un apagón de una hora y en Sudáfrica se quemaron múltiples transformadores, que quedaron inutilizados.
Para esta oportunidad, el próximo fin de semana en el sur de Argentina podrían verse afectados los sistemas de comunicación y navegación. Ante posibles interferencias, los vuelos y las embarcaciones comerciales y privadas deberán extremar precauciones.