viernes 23 de enero de 2026 - Edición Nº3413

Locales | 23 Jan

El silencio que duele

El grito de una joven jachallera desde el dolor más profundo: “¿Qué hubiera pasado si alguien nos escuchaba a tiempo?”

Tras el fallecimiento de su hermano, una vecina de Jáchal decidió hacer público un estremecedor mensaje desde el dolor más profundo. En sus palabras, expone una historia familiar atravesada por pérdidas, relata los reiterados pedidos de ayuda que no tuvieron respuesta. Lejos del rencor, su testimonio busca generar conciencia y acompañar a otras familias que atraviesan difícil situaciones.


Por: Redacción Actualidad Jachallera

Jáchal volvió a quedar sacudido por una historia marcada por el dolor, la impotencia y un fuerte reclamo social. En las últimas horas, una vecina del departamento, Julieta Ríos, decidió hacer públicas unas palabras profundas y desgarradoras luego de perder a su hermano, quien falleció hace apenas unos días.

En una carta dirigida “a quien corresponda”, Julieta expone no solo la tragedia reciente, sino también una historia familiar atravesada por el sufrimiento desde hace más de una década. Según relata, cuando ella tenía 15 años, su padre también decidió terminar con su vida. En aquel entonces, su hermano tenía apenas 12 años. “Crecimos con esa herida abierta, intentando seguir adelante como pudimos”, expresa en su escrito.

La tragedia volvió a golpear a la familia de manera brutal. Su hermano dejó hijos, una madre devastada y un entorno familiar completamente destruido. Para Julieta, además, no era solo su hermano: “era como un hijo”.

En su testimonio, la vecina de Jáchal remarca con firmeza que la muerte de su hermano no fue un hecho aislado ni inesperado. Antes de lo ocurrido, su madre recurrió a todos los espacios que tuvo a su alcance en busca de ayuda. Asistió al hospital, solicitó acompañamiento, pidió internación e intervención profesional al notar el sufrimiento, el deterioro y la desesperación que atravesaba su hijo.

Sin embargo, la respuesta que recibió fue siempre la misma: “Es mayor de edad, no se puede hacer nada”.

“No hubo un papel. No hubo una alternativa. No hubo un acompañamiento real. Solo puertas cerradas”, denuncia Julieta, dejando al descubierto una situación que, según su mirada, se repite en muchas familias que no cuentan con recursos económicos para acceder a atención privada.

Hoy, con su hermano ya ausente, la pregunta que la familia arrastrará por el resto de sus vidas es clara y dolorosa: “¿Qué hubiera pasado si alguien nos escuchaba a tiempo?”.

Lejos de escribir desde el rencor, Julieta aclara que su mensaje nace desde la urgencia y la necesidad de que estas situaciones no continúen ocurriendo. En su publicación, apunta directamente a las falencias del sistema de salud mental: turnos cada varios meses cuando la urgencia es inmediata, ausencia de dispositivos reales de intervención, y la mayoría de edad utilizada como argumento para no actuar.

En ese marco, plantea una serie de necesidades concretas: dispositivos urgentes de intervención en salud mental, acompañamiento real para las familias, escucha activa cuando una madre pide ayuda y protocolos claros que actúen de manera preventiva y no cuando ya es demasiado tarde.

El mensaje también tiene un fuerte componente humano y solidario. Julieta se dirige especialmente a madres y familias que atraviesan situaciones similares, a quienes les pide que no se callen, que no se queden solas y que hablen. Incluso, se pone a disposición para acompañar, orientar y “golpear todas las puertas posibles”, aun sin ser profesional de la salud, pero con la experiencia de quien conoce el dolor más profundo.

“Porque ninguna madre debería atravesar esto sola. Porque el silencio también mata”, sostiene.

Finalmente, deja en claro que su lucha no termina con su publicación en las redes sociales. Afirma que no va a descansar hasta lograr, de alguna forma, la creación de un espacio físico o un ámbito real de contención y acompañamiento para madres, familias y personas que atraviesan situaciones de desesperación vinculadas a la salud mental, aunque sea pequeño y aunque implique dolor.

“No escribo solo por mi hermano. Escribo por sus hijos, por mi mamá y por todas las familias que hoy están pidiendo ayuda y no saben a dónde ir”, concluye Julieta, con la esperanza de que este dolor sirva para cuidar otras vidas y que esta muerte no sea una más.

 

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